jueves, 5 de marzo de 2015

El Eterno Femenino en la Escultura (XI) - GALERÍA: Escultura Criselefantina (4). Josef Lorenzl (2)


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El Eterno Femenino en la Escultura

Reflexiones esculturales

Reflexión 8: Escultura criselefantina
Josef Lorenzl: bronce de terciopelo

Alcanza, la tensión del bronce,
a expresar la delicadeza
del cuerpo desnudo, en ensueño
de carne mineral e idea.

.....Pocas veces la dureza del metal ha sido tan felizmente suavizada; pocas, tornada su fría apariencia en tanta calidez sensual; pocas, violentado tan amorosamente su metálico destino hasta ser asimilado al terciopelo. Porque los bronces de Josef Lorenzl son menos bronces que ensueños, menos bellas esculturas fraguadas en mineral que hermosos pensamientos de aleves plumas revoloteando, desde su aparente quietud, ante los ojos curiosos que contemplan.
.....Ya se dijo: en toda obra artística —sea mimética de la realidad— hay siempre un componente fundamental, esencialmente creativo, perteneciente al mundo de las ideas y las emociones del propio artista. Y es el artista el que se nos muestra en la obra: su forma de contemplar y sentir la realidad, la que a él le atañe y con la que se identifica. La realidad del artista se hurta frecuentemente a la apariencia de su vida, y no pocas veces encontramos, tras un aparente carácter adusto, un espíritu no sólo hipersensible sino tierno, que sólo se expresa a través de sus obras, como si una cosa fuera el ser material, mortal, de carne y hueso, sometido a la servidumbre de la necesidad, y otra bien distinta el alma encerrada en ese cuerpo, en ese material reservorio servil de realidades mundanas. El alma del artista es la que se muestra así —en su obra— liberada de la ordinaria necesidad, para volar, ya emancipada, desde la engañosa quietud de la obra de arte; mientras, el hombre/la mujer podrá seguir esclavizada a sus servidumbres (a su ego, a su vanidad, a su racanería, a su miserabilidad de individuo sometido a las pasiones de la carne y a los intereses de la reputación).

.....No es difícil adivinar quién habría detrás de esos bronces, qué sentiría quien así representaba su sentimiento del Eterno Femenino. Tampoco es baladí, para acercarse al conocimiento del artista, descubrir que, a su muerte, su esposa destruyó gran parte de las obras que éste conservaba en su estudio y su casa. ¿Producto de celos? ¿Excesivo celo en la memoria del escultor, caso que esas obras tuvieren un carácter diferente a la producción conocida? La especulación está servida. Lo que es claro es el empeño de algunas personas en intentar reescribir o manipular la vida del siempre incomprendido genio; personas con miras muy limitadas, y poco leales además (recuérdese la burda e inmisericorde poda y tergiversación que la antisemita hermana de Nietzsche, Elisabeth Forster-Nietzsche, realizara de la obra de su hermano a la muerte de éste). ¿Cuál era el carácter de aquellas obras desaparecidas? ¿Quizás demasiado personales y dolorosas para ella, su esposa, por lo que creyera tendrían de homenaje a la otra, e incapaz de entender lo verdaderamente esencial en ellas que es la captura del Eterno Femenino, y no la representación de una determinada mujer?

.....Sin duda Josef Lorenzl fue un hombre obsesionado por ese Eterno Femenino, como lo estuvieron y lo están muchos artistas y espíritus sensibles que en el mundo han sido y son. ¿Cómo no estarlo? ¿Cómo resistirse a intentar capturarlo, no más sea en la expresión artística del sentimiento que evoca? La ingente cantidad de formas en que ese cuerpo aparece en sus esculturas, la variedad de morfotipos (siempre, eso sí, tendentes a la ligereza y la elegancia, salvo en unas pocas representaciones en que las formas se vuelven más normalmente graves) es tal que no admite parangón, en este sentido, con ningún otro escultor criselefantino. Chiparus y Preiss tienen la excusa —y el apoyo— del leit motiv, de la conjugación de materiales, del recurso temático (dicho lo cual también he de reconocer que ellos realizaron bronces de factura semejante a la de Lorenzl, aunque como excepción y no como regla); pero sólo Josef Lorenzl se centra exclusivamente (sobre todo en los bronces) en la idea abstracta del ser de la mujer, mediante la representación de su cuerpo y las posibilidades expresivas a él inherentes, sin más recurso significativo que sus escorzos, sus curvas más o menos abiertas, sus líneas más o menos estilizadas, su impecable factura a la hora de representar el movimiento (detenido, y no obstante huidizo) o la actitud.
.....Lorenzl no apela a contextos o motivos históricos, ni temáticos, se limita a lo sumo a dotar de nombre a sus representadas facetas de ese Eterno Femenino (Francesca, Petra, Eloise, Aimé, Charlotte, Suzette, Chloe, Erica, Heidi, Ingrid, Lisa, Ruby o Rebecca, por citar algunas), a expresar una acción (Balancing, Knee Up, Leg Out, Con Brio, Girl on Wall), a sugerir una actitud (Ecstasy, Joy, Elegance) o, a lo sumo, a describir un concreto y circunstancial tipo de mujer (Elegant Lady, Fan dancer, Hoop Dancer, Kicking Girl).

.....En todas estas representaciones del Eterno Femenino Lorenzl logra arrebatar al bronce su protagonismo mineral, de materia inerte, para resaltar la idea que en él subyace y que logra encarnarse de manera tan feliz: la sensualidad híbrida de la mujer, en parte material, en parte espiritual y en parte intelectual, como si el bronce portara así, en su único sustrato, la posibilidad real de tres categorías o trilogía significativa, a modo de criselefantina figurada —y sugerida. Este juego sólo es posible si a la obra, a la escultura, se la dota de la suficiente carga estética estimuladora, y Lorenzl lo logra con su impecable factura que trasciende la mimesis de lo real para embarcarse en la singladura figurativa ideática, mechada de emoción y anhelo que es propia de la ensoñación. Dicho en plateado bronce: cada escultura de Lorenzl es producto de la sublimación de un movimiento del alma (de su alma) en su tenaz persecución del ideal femenino. Sé que esto puede decirse de todo artista obsesionado con el Eterno Femenino (¿y cuál no lo está, de una u otra manera?) pero en Lorenzl alcanza una muy ilustrativa y bella constatación.
.....Logra el escultor dotar a sus obras de una expresividad sofisticadamente sensual; no se trata de la sensualidad lógica, a bote pronto, de la simple exposición de la formas desnudas, ni de la resultante de la idealización voluptuosa de esas formas, ni de la morbosidad lúbrica exhalada por cuerpos eróticos en posturas sugestivas, antes bien es una sensualidad más completa, que interesa tanto lo material como lo inmaterial, y que se funda en la interpretación sutil y sensible de esa misma realidad material, transformada así en realidad del alma, íntima e intimista, sólo cognoscible desde la perspectiva individual: la que cada cual imagina y siente en la contemplación.

.....Es así que he intitulado esta reflexión Bronce de terciopelo por subrayar la contradicción que se nos presenta ante nuestros ojos al contemplar estas obras; y subrayarla poniendo en relación dos conceptos o términos o materiales en gran medida contrapuestos (dureza-suavidad, frialdad-calidez, rigidez-ternura). A priori podría parecer más propio (lo es) de esta calidez sensual la escultura en mármol o porcelana (el biscuit lo es en grado sumo), pero Lorenzl logra insuflar en sus obras, a base, de un estilo y diseño que más apela a la emoción que a la pasión, más a la ensoñación que a la realización, más al anhelo siempre insatisfecho que a la ocasional satisfacción deseable, ese calor de íntimo hogar, de llama hipnotizadora, que posee la sugestión más ardientemente imaginativa.
.....Acarician las figuras bronciaterciopeladas de Lorenzl la sensibilidad del espectador, lo hacen desde su forma y lo hacen desde su naturalidad ideal, desde esa su plataforma de libre asociación de la materia evocadoramente modelada con el pensamiento más audaz, más discretamente atrevido y exigente, en lo tocante al Eterno Femenino. Esculturas para sentir el alma acariciada al tiempo que la inducen a extender las yemas de la intención hacia el sueño posible como sueño, mas imposible como realidad. Y así ha de ser... porque así, inevitablemente, es.


Retratos escultóricos del Eterno Femenino
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8
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La Mujer Criselefantina
(III)

.....Áurea, en estado puro, poseía el poder de seducción propio del brillo metálico, no sólo el de los metales preciosos, sino ese resplandor que emiten todos los metales pulidos cuando nada empaña su superficie y ésta refleja, multiplicada, la luz recibida. Ya se trate de estaño o cromo, ya de oro, plata o platino, es esa capacidad casi mágica para intensificar la luz la que seduce y atrae. Lo mismo le pasa al más puro nácar, o a las gemas, o, incluso, al misterioso ámbar que parece poseer luz propia, una luz arcaica, emitida hace millones de años y encerrada en las solidificadas moléculas de la resina sangrada por una estirpe de árboles ya extinguidos.
.....Y el decir que Áurea brillaba (cuando era Áurea y no Ivory) adquiere el significado más propio que puede dársele a esta expresión. Era otra peculiaridad de la metamorfosis entre ambas personalidades: Ivory mostraba una piel, más que pulida, satinada, poseía el brillo propio de las superficies esmaltadas; Áurea, en cambio, era deslumbrante; en sus momentos de máximo esplendor, cuando la luminosidad ambiental era alta, resultaba difícil mantener sobre ella la mirada, tal era el deslumbrador poder de seducción que emitía. En esos momentos se mostraba irresistible, y uno no podía sino mirarla furtivamente, al sesgo, desviando rápidamente la vista de su figura so pena de quedar irremediablemente cegado. Como si de una Medusa a la inversa se tratase, era precisamente su belleza nada reptiliana, pero en extremo olímpica, la que sojuzgaba y petrificaba.

.....Uno hacía bien si buscaba los días nublados, o los de tormenta opaca (no de rayos florecida), para entablar con ella una relación más estrecha y directa. Porque en lo que no se podía confiar (dado el albur que ello suponía) era en que apareciese insospechada y oportunamente Ivory y pusiera fin al deslumbramiento; confiar en ello podía tener su subyugante atractivo, su azaroso interés, pero también su peligro: si Ivory no aparecía, y uno acababa deslumbrado, cegado por ese brillo intenso e irresistible, la exposición a la locura no era nada extraña, y sí bastante probable. Permanece aún en la memoria de todos los allegados al círculo de Áurea/Ivory el caso de Carlos Augusto, un corredor de bolsa con más ambición y coraje que prudencia (cosa lógica, pues si en su naturaleza hubiera habido la suficiente proporción de ésta, muy posiblemente habría sido otra la profesión elegida).
.....No es que fuera un alocado, eso tampoco le hubiese permitido desempeñar su labor de broker con éxito, pero sí lo suficientemente aventurero para correr más riesgos de los necesarios. A parte de que él creía que el mundo de las relaciones no era, punto por punto, equiparable al de los negocios financieros, comerciales o genéricamente económico: pensaba que una vez controladas las emociones en ese mundo tan feroz y competitivo, no existía el menor peligro para controlarlas en el menos implacable y despiadado de las relaciones interpersonales afectivas. Comprobaría en carne propia —con Áurea— lo equivocado que estaba en tal apreciación. Entró a saco en uno de esos momentos de sobre-exposición que la bella, sin prodigar, periódicamente brindaba, y, como una mariposa que se acerca demasiado al seductor brillo del rocío en la tela de araña, cayó preso en ella. 

.....Tan deslumbrado y ciego quedó el intrépido infeliz que ni siquiera percibió los cambios que continuamente se producían en la dualidad criselefantina de Áurea/Ivory. Para él así hubiera adquirido no dos sino doscientas personalidades que su incondicional y absoluta entrega le hubiera impedido apreciar la diferencia. Él lo achacaría a cambios de humor, a circunstancias aleatorias, semejantes a la imprevisibilidad del tiempo atmosférico o a la estadística del mercado de futuros cuando se apuesta a corto en valores nuevos. El desquiciamiento fue de tal calibre que en tres meses todo el prestigio ganado duramente en el parqué dio al traste: perdió el instinto, realizó operaciones fallidas, titubeó (donde antes era todo resolución y determinación meridiana) y, al final, arruinado tanto económica como personalmente, sus familiares hubieron de rescatarlo de la más absoluta miseria moral y material. Acabaría rehabilitándose al cabo de tres años de purgatorio y varios centros de salud y descanso de por medio. Y aquí no puedo evitar pensar —salvando las distancias obvias, y no sé por qué fortuita asociación— en el caso de Hans Castorp, el protagonista de la Montaña Mágica de Thomas Mann; quizás sea porque fue gracias al apoyo de una linda, modosita y convencional muchachita, sin el riesgo ni el peligro de una deslumbradora Áurea, que Carlos Augusto pudo recupera la visión propia de una existencia normal y anodina.

.....Y es que cuando una mujer se muestra con ese poder de seducción en su brillo, con ese irresistible y devastador estelar deslumbramiento, nada podrá evitar la debacle, la catástrofe, la ceguera y la subsecuente consunción del alma, de esta forma deslumbrada. Eso sí, arderá y se consumirá en el fuego de la pasión más intensa y extrema, más enajenadora y alienante, donde la singular materia que uno es se convertirá fatal y felizmente en no más que llama. Todos los que fueron testigos de este caso no pudieron dejar de sentir, al mismo tiempo que compasiva tristeza (por la caída e incineración de Carlos Augusto), la más insana de las envidias (por haber podido, el infeliz bienaventurado, visitar las más altas cimas del deseo en llamas, allí donde todo es perpetua combustión y nada más). Fueron tres meses, pero bien podrían suponer el peso existencial de tres años o tres siglos; muchos se hubieran conformado con haber podido disfrutar uno sólo de sus días.
.....Por su parte Áurea/Ivory destelló como nunca, alimentada por la materia incandescente que Carlos Augusto irremediablemente le aportaba. Retroalimento de su brillo, lo alzó con ella haciéndole partícipe de su luz. Como una Circe apasionada, más que como una Calipso enamorada, sorprendió al mundo durante aquel periodo con facetas y matices de una hermosura nunca antes conocida ni expresada. Se volvió aún más peligrosa, y, por lo mismo, más inalcanzable. Por más que Ivory intentó en esa época romper el mágico círculo de fuego que como un sortilegio aislaba a Áurea de los demás (y por lo tanto a ella misma), apenas sí conseguiría que sólo los amigos más allegados e inocuos (y por lo tanto inmunes) se acercaran a ella. En lo que respecta a la relación que mantuvo con Carlos Augusto mientras su otra personalidad daba cuenta de él, fue de lo más amistosa y hasta conmiserativa, más de amiga íntima que de amante pasional. Y fue gracias a esos momentos de relativa tranquilidad que Carlos Augusto (no sin cierta impotente perplejidad) pudo aguantar tres meses, sino se hubiese consumido mucho antes.

.....Podría decirse que Áurea en esos momentos de deslumbrante —y desconcertante— brillo metálico se volvía caleidoscópica o irisada, se comportaba como una fuente de luz múltiple y diversa, aparecía como un emisor de luz polarizada, increíblemente bello prisma de sinuosidad arrebatadora. Y todo desde la sofisticación y la elegancia, desde la armonía y la contención incontenibles e ilimitadas (¿cómo se puede poner límites a la luz emitida por una estrella, si no metiéndose bajo tierra?).
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(continuará)
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GALERÍA

ESCULTURA CRISELEFANTINA (4)

JOSEF LORENZL
1892-1950

(2)
 Bronces (1)
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Dancing
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Ecstasy

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Ecstasy II



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Ecstasy III



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Balancing

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Antje 2

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Celia

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Charlotte 

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Charlotte II

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Chloe

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Claudette

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Con Brio

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Con Brio III
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Crejo Dancer

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Dancer with Cymbals

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Dancing Queen

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Deco Dancer

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Elegance

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Elegant Lady

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Elegant Lady II

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Elena

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Eloise

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Erica

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Erica II

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Exotic Dancer

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Fan Dancer

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Francesca
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Girl on Wall

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Girl on Wall II

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Girl with Garland
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Heidi

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High Kick

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Hoop Dancer
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Hoop Dancer II

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Huntress
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Ingrid

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Joy

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Kicking Girl

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Knee Up

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Lady with Flute

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Leg Out
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Lisa
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Mädchen

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Petra
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Rebecca 
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Ruby
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Running Girl
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Scarf Dancer 2
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Scarf Dancer 3
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Scarf Dancer I
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Scarf Dancer III

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Scarf Dancer Large
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Scarf Dancer VI
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Speed
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Strike a Pose
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Suzette

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The Bouquet
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The Pose
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