miércoles, 5 de octubre de 2016

Lawrence Alma-Tadema y John Godward: clasicismo, mujer y mármol (I) - GALERÍA: Sir Lawrence Alma-Tadema (1)





Dícese del mundo clásico aquel capaz de permanecer en el tiempo,
imperturbable, como un reducto arcádico al que recurrir cuando el tempus fugit
se hace difícil de sobrellevar, cuando el tiempo que nos hace y nos deshace
nos revela la inanidad de una vida sin objetivo y sin misión.
Acudimos al mundo clásico como defensa ante el hecho incontestable
de que lo intrascendente cotidiano no nos basta para sentirnos necesarios.
En el mundo clásico hallamos la justificación que nos falta en el nuestro:
la justificación y el motivo de la existencia del ser humano,
ya como portador de valores, ya como creador de belleza, ya como destino en lo eterno.
En el pasado mundo clásico, inextinguible, hallamos consuelo y sentido a nuestro futuro.
Hector Amado


Presentación

.....La siguiente serie está dedicada a dos de los pintores academicistas anglosajones más populares: Sir Lawrence Alma-Tadema (que era en realidad neerlandés —de nombre Lourens—, nacionalizándose y viviendo como británico más de la mitad de su vida) y John William Godward. A ambos les une tanto la temática de sus obras —de tintes clásicos greco-romanos, si bien no exclusivamente en Alma-Tadema— como el estilo. Por otra parte, cabría establecer una comparativa entre este dúo inglés y el tándem academicista francés formado por William-Adolphe Bouguereau y Jean Léon Gerôme. A todos ellos se les ha dedicado anteriormente más o menos espacio en este blog, aunque no de forma exhaustiva, y mucho menos relacionándolos. Es el motivo de la presente serie poner en relación a los dos pintores británicos entre sí; dejando para más adelante otra serie dedicada a los dos galos.

.....Sir Lawrence Alma-Tadema es probablemente el más célebre y reconocido de los academicistas británicos (con permiso de Lord Frederic Leighton), aquel que concita mayor interés y predicamento, entre otros motivos por haber diversificado su talento (fue diseñador de muebles y tejidos) y haber recogido en su obra una tal fidelidad al mundo clásico y bíblico que se le ha tomado en numerosas ocasiones como fuente para otras artes, como es el caso del cine (D. W. Griffith, en Intolerancia (1916); Mervin Leroy, en Quo Vadis (1951); Cecile B. de Mille, en Los Diez Mandamientos (1957); William Wyler, en Ben-Hur (1959) o Ridley Scott, en Gladiator (2000); se han inspirado para la escenografía y vestuario en sus diseños).  En este sentido, A Alma-Tadema, más allá de su faceta como pintor, cabe reconocérsele, por la profundidad en la recreación clásica de sus escenarios, como un verdadero arqueólogo.
.....John William Godward fue, en cambio, un alumno aventajado de Alma-Tadema, cuya celebridad está basada fundamentalmente en su reiterado empeño por recrear el mundo clásico, sobre todo el de sus mujeres, variando mínimamente sus composiciones: si al pintor neerlandés se le llegó a denominar the marbelous painter (el pintor marmolilloso) por su virtuosismo y preferencia a la hora de escenificar sus pinturas en ámbitos marmóreos, Godward hizo de ese empeño por usar y abusar del mármol su santo y seña: si la mayor parte de su obra está dedicada obstinadamente a la figura femenina (cubierta casi siempre, eso sí, con vaporosos vestidos ceñidos con correas y cintas), ésta, con igual empecinamiento, está colocada sobre, entre o ante el mármol. Su temprana formación en un estudio de arquitectura le proveyó de la técnica necesaria para recrear sobre el papel —o el lienzo— esta noble piedra con fidelidad pasmosa.

.....Me aventuraría a afirmar, sin temor a equivocarme, que entre los dos bien podrían haber recreado cuanto posible veteado en mármol pueda existir en la naturaleza. Priman los de tonos claros, pero también los hay rojos, verdosos, azulados, multicolores o incluso negros, y todos ellos más o menos jaspeados. Invariablemente es el fondo utilizado casi unánime por Godward y recurrente en los cuadros de Alma-Tadema. Aunque éste es más variado, ya sea por el contenido histórico, mitológico o bíblico de su iconografía, y aquél más repetitivo. Mucho menor el registro compositivo de Godward, que se reduce a cinco o seis estructuras básicas.
.....En Godward se da una contumaz iteración de las composiciones femeninas: busto, medio cuerpo, cuerpo entero; sentadas, reclinadas, tumbadas; en algunas, apenas cubiertas con gasas livianas, los senos proporcionados y hermosos se insinúan turgentes, al tiempo que las rotundas y armónicas formas de caderas, vientre y nalgas dejan poco a la imaginación; otras, las menos, se nos muestran divinamente desnudas (pues las que así se exhiben suelen ser diosas o sacerdotisas a ellas consagradas, o cortesanas elevadas a la categoría de lo divino por la historia).

.....Alma-Tadema, en cambio, más fiel a la historia o la leyenda, recrea episodios conocidos o aspectos de la vida y costumbres clásicos, y lo hace con un detallismo asombroso. No repite constantemente el esquema de sus composiciones —aunque también haga uso de él—, sino que amplía el abanico de las mismas al ceñirlos a los episodios que narra. Godward se dedica sobre todo a pintar a la mujer en su entorno clásico, ella suele ser la protagonista principal, por no decir que única; Alma-Tadema pinta el suceso, el episodio, en el que las mujeres clásicas son figuras dominantes, pero no exclusivas.
.....Alma-Tadema recrea situaciones dadas en la literatura, la historia, la mitología y la leyenda clásicas; Godward crea y recrea modelos de mujer clásica, intenta atrapar a la mujer greco-romana en su múltiple y reiterada representación. A Godward le interesan menos los hechos de la historia —de las historias— que cuenta, que contar la historia íntima, personal, de su protagonista principal: la mujer. Es Alma-Tadema un pintor más "socializante", y Godward más singularista. El neerlandés, confronta, matizando, la figura femenina —o aún la masculina— con personajes secundarios que subrayan la actitud de los protagonistas; Godward no lo necesita, frecuentemente la mujer se presenta y representa sola, pocas veces acompañada, y en las ocasiones en que lo hace, el cuadro pierde fuerza.

.....El interés y la máxima virtud de Godward surge y se agota en lo individual del universo femenino, de un universo estético y estático. El dinamismo físico le interesa poco. Él retrata la figura de la mujer como un vehículo o recipiente de esencias, unas esencias que se sugieren y/o intuyen por el esteticismo de ese vehículo, por su forma, por la armonía de diseño y color, por un trazo y una textura suave, aterciopelada, de líneas tenazmente amables: ojos grandes, bocas carnosas, narices perfectas, mejillas espléndidamente convexas, cuerpos más bien generosos —reflejo de los cuerpos clásicos greco-latinos—, cabelleras abundantes... y siempre envueltos en ropajes gaseosos, velados por fruncidas telas con la densidad de translúcidos visillos.

.....Alma-Tadema, más interesado en el relato que en la intimidad metafísica, si estética, de los personajes, es más expresivo en la representación de las emociones, de las actitudes y de los significados. Representa con más rigor el "clima" clásico histórico, con más detallismo los escenarios, y con menos acento en la individualidad formal. Alma-Tadema es más tridimensional; Godward, más plano. Alma-Tadema es más cronista, más redactor; Godward más fotográfico, más maquetador. Ambos reflejan, más o menos formalmente, de manera más o menos preciosista, episodios clásicos y formas de vida que de una u otra forma son percibidos con añoranza —por ellos, los artistas academicistas y neoclásicos, y por una parte de la sociedad, por una fracción del inconsciente colectivo burgués y aristocrático de esa época, que mira con nostalgia los signos de un tiempo ya finiquitado. Uno se adentra en el alma de una época a través de la forma femenina; el otro extrae de ese alma momentos paradigmáticos para recrearlos, hacerlos presentes, mostrar que son parte del legado inmortal de la humanidad. Uno, el puramente británico, esencialmente intimista; el otro, el neerlandés britanizado, narrativamente detallista. Visión focal versus visión panorámica. Lo singular y lo genérico. La esencia y la existencia en el ámbito propio de la pintura academicista.

.....Es curioso cómo difieren hasta en el carácter ambos pintores: el uno, orondo y juerguista, inclinado a la desmesura —como uno de esos personajes flamencos tan bien retratados por Rembrandt o Rubens—; el otro, sobrio y taciturno, con tendencia a la melancolía. Vividor —y bebedor— empedernido y mujeriego, hombre robusto y vitalista, cosechador de éxito social, Alma-Tadema; amante de la intimidad, sensible y frágil, aunque rebelde con su naturaleza enfermiza, Godward. Aquél murió, muy probablemente a consecuencia de sus excesos, de una afección estomacal; éste, víctima de la depresión subsecuente al espíritu de una época que demandaba y valoraba innovación y revolución artística, se suicidó. A cada uno, incluso en la muerte, lo define su carácter, lo retrata su final: el uno víctima del exceso; el otro, de la carencia.
.....En vida, los dos tuvieron éxito profesional (más cotizado Alma-Tadema), y si bien fue Alma-Tadema quien obtuvo más honores sociales, Godward, probablemente, los obtendría más personales, pues su vida dependió de modo más determinante de su naturaleza artística que de sus dotes relacionales. Introversión versus extroversión, eso puede detectarse en su obra a poca atención que se le preste. Si el artista, en general, es un hombre dotado de talento que soluciona el problema existencial a base de creatividad, si sobrelleva sus contradicciones y su angustia —una angustia, tengámoslo en cuenta, multiplicada por su mayor sensibilidad— huyendo de la realidad a lomos de su portentosa imaginación y su capacidad para condensarla en obra, mientras Alma-Tadema hacía esto quizás de manera inconsciente, Godward lo padecía conscientemente durante cada segundo de su vida. La evasión de Alma-Tadema hacia el reino del arte era jubilosa (abundan en su obra los simposium, procesiones, fiestas y bacanales); la de Godward padecía del estigma de lo necesario: crear belleza —ideal— para huir de la realidad sentida como amenaza (quizás de ello se derive esa su pasión idealizadora, tan criticada, por insulsa, por muchos).

...

.....La obra de ambos pintores se adjuntará en este blog en varios posts, catalogada y distribuida, en lo posible, por temática y por afinidad compositiva. Como su producción es prolija (en los dos sentidos: por dilatadas y por minuciosas), y aquí se pretende concitar la mayoría de ella, se dedicarán: tres entradas a Sir Lawrence Alma Tadema, que recogerán convenientemente su polifacética producción, con más de 450 imágenes, incluyendo las de algunas de las obras originales que inspiraron al pintor; y otras tres a John William Godward, que incluirán la mayor parte de sus 300 obras. Además, de Alma-Tadema se adjuntarán parte de sus creaciones como diseñador (tanto de artístico y suntuoso mobiliario —como un sorprendente y espléndido piano Steinway & Sons—, como de vestuario de época clásica), una selección de grabados y dibujos, y el fondo fotográfico que de él existe en la Portrait National Gallery. De John Godward, habida cuenta que ya se le dedicó una entrada en Abril de 2013, se repondrá dicha entrada —por mor de reunir toda su producción en un espacio consecutivo— y se completará con la obra que en ella no se recoge. En ambos casos se han desechado aquellas imágenes cuyas copias existentes en la red no tuvieran la suficiente calidad (normalmente obras marginales).
.....A la obra gráfica de los dos pintores se añadirá texto original del autor del blog, bien alusivo a su obra, inspirado en ella o en las épocas que allí se retratan, es decir, las que dan forma y sentido al clasicismo y su circunstancia.
.....En esta primera entrada baste esta Presentación como corpus textual de la misma.


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GALERÍA


Sir Lawrence Alma-Tadema
(1836-1912)

EL MUNDO CLÁSICO: GRECIA Y ROMA

1. EN EL BALCÓN,  EN LA TERRAZA Y EN EL PATIO

Sir Lawrence Alma-Tadema - A coign of vantage, 1895
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A declaration, 1883
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A difference of opinion, 1896
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A difference of opinion, 1896
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A Bacchante, c 1875
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A Difficult Line from Horace
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A female figure resting dolce farniente, 1882
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Resting, 1882
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A Foregone Conclusion, 1885 (Tate)
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A Foregone Conclusion, 1885
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A kiss, 1891
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A love missle, 1878
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A Reading from Homer, 1885
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A Reading from Homer, 1885
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A Silent Greeting, 1889 (Tate)
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A World of Their Own, 1905
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A World of Their Own, 1905
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Among the ruins, 1902-04
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Sir Lawrence Alma-Tadema - An Eloquent Silence, 1890
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Sir Lawrence Alma-Tadema - An exedra, 1869
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Ask me no more, 1906
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Sir Lawrence Alma-Tadema - At Aphrodite's cradle, 1908
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Between Venus and Bacchus, 1882
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Between Venus and Bacchus, 1882
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Courtship the proposal, 1892
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Courtship
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Expectations
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Sir Lawrence Alma-Tadema - From an absent one, 1871
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Gallo roman women
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Comparisons, 1892
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Comparisons, 1892
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Good speed, 1893
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Her eyes are with her thoughts and they are far away, 1897
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Hero, 1898
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Hopeful, 1909
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Sir Lawrence Alma-Tadema - In a Rose Garden, 1889
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Sir Lawrence Alma-Tadema - In a Rose Garden, 1889
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Sir Lawrence Alma-Tadema - In the time of Constantine, 1878
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Sir Lawrence Alma-Tadema - In the time of Constantine, 1878
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Love's Jewelled fetter, 1895
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Loves Votaires, 1891
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Motherly Love
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Sir Lawrence Alma-Tadema - On the Steps of the Capitol
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Pleading, 1876 (con el marco original)
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Pleading, 1876
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Pleading, 1876 (2)
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Pleading, 1876 (2)
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Poetry, 1879
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Promise of spring, 1890
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Promise of spring, 1890
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Prose, 1879
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Roman fisher girl
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Sappho and Alcaeus
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Sappho and Alcaeus
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Sappho and Alcaeus (detail)
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Shy
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Silver Favourites, 1903
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Silver Favourites, 1903
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The Colosseum 1896
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The conversion of Paula by Saint Jerome, 1898
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The favourite poet, 1888
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The favourite poet, 1888
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The Last roses, 1872
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The poet Gallus dreaming, 1892
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The Secret, 1887
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The Silent Counselor, 1878
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The voice of spring, 1910
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Thou rose of all the roses
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Unconscious rivals, 1893
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Unconscious rivals, 1893 (detail)
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Under the Roof of Blue Ionian Weather, 1903
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Unwelcome Confidences, 1904
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Watching and Waiting
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Water pets
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Whispering noon, 1896
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Who is it, 1884
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Xanthe and Phaon
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A hearty welcome, 1878
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2. BAÑOS, TERMAS Y PINTURA DE GÉNERO

Sir Lawrence Alma-Tadema - A bath, an antique custom, 1876
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A favorite custom, 1909
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A favorite custom, 1909
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Strigils and sponges, 1879
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Strigils and sponges, 1879
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Sir Lawrence Alma-Tadema - An Apodyterium, 1886
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Sir Lawrence Alma-Tadema - An Apodyterium, 1886
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Sir Lawrence Alma-Tadema - An Apodyterium, 1886 (true color)
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The frigidarium, 1890
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Balneatrix
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The Balneator
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 Sir Lawrence Alma-Tadema - The Tepidarium, 1881 (con marco original)
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The Tepidarium, 1881
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The Tepidarium, 1881
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The Tepidarium, 1881
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The Baths of Caracalla
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The Baths of Caracalla
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The Baths of Caracalla
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A collection of pictures at the time of Augustus, 1867
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A picture gallery, 1866
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The Collector of Pictures at the Time of Augustus
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A roman studio 1877
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A Roman studio
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A roman artist, 1874
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A sculptor's model Venus Esquilina, 1877
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The sculpture gallery, 1874 (Hood Museum)
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The sculpture gallery, 1874 (Hood Museum)
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The sculpture gallery, 1874 (Hood Museum) (detail)
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A roman art lover, 1868
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A roman art lover, 1870
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A sculpture gallery, 1867
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Sculptors in ancient Rome, 1877
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Hadrian visiting a romano-british pottery, 1884
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Pottery painting, 1871
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The roman potter, 1884
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Architecture in ancient Rome, 1877
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A Roman Scribe Writing Dispatches
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Sir Lawrence Alma-Tadema - A Roman Scribe Writing Dispatches
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Alistner, 1899
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Sir Lawrence Alma-Tadema - An audience
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Sir Lawrence Alma-Tadema - An earthly paradise, 1896
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Sir Lawrence Alma-Tadema - An oleander, 1882
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Sir Lawrence Alma-Tadema - An oleander, 1882
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Between Hope and Fear
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Boating, 1868
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Catullus at Lesbia's, 1865
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Catullus reading his poems at Lesbia's house, c 1870
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Catullus reading his poems at Lesbia's house, c 1870
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Tibulus at Delia's house
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Tibulus at Delia's house
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Cherries, 1873
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Cherries, 1873 (detail)
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Chiesa San Clemente, 1863
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Confidences, 1869
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Dance between romans
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Glaucus and Nydia, 1867
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Greek woman, 1869
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Greek woman, 1869
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Sir Lawrence Alma-Tadema - In the peristyle, 1866
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Interior of Caius Martius house, 1907
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Lesbia Weeping over a Sparrow, 1866
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Midday Slumbers
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Not at home, 1879
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Not at home, 1879
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Not at home, 1879
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Returning from Market
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The Convalescent, 1869 (Joslyn Art Museum)
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The Discourse
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The Entrance to a Roman Theatre, 1866
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The Entrance to a Roman Theatre, 1866
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The flower market, 1868
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The honeymoon, 1868
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The parting kiss, 1882
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The roman wine tasters, 1861
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Sir Lawrence Alma-Tadema - The Wine Shop
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Vain Courtship, 1900
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Welcome footsteps, 1883
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Sir Lawrence Alma-Tadema - Woman and Flowers, 1868
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domingo, 25 de septiembre de 2016

Pelléas et Mélisande: de Maeterlinck a Fauré, Debussy, Schönberg y Sibelius




INTRODUCCIÓN

.....Hace pocas fechas recreaba, motu romancesco, en este espacio el bucólico y feliz amor entre Daphnis y Cloe. Amor que bien empezaba y acababa bien; tras pasar, eso sí, por diversas aventuras —pruebas necesarias para que el amoroso sentimiento fragüe con toda la fuerza y la convicción de que es capaz cuando los dos seres que lo disfrutan parecen estar predestinados a él.
.....En otras ocasiones —las más— los amores no resultan tan felices: ya se sabe que más vende lo dramático o aun lo trágico que lo feliz. En la vida real y en lo literario —que no es sino reflejo de lo real— es corriente encontrarse con el fatum irremediable que convierte los dulces sorbos de felicidad en amargos tragos de tragedia.
.....En el post que iniciaba la serie sobre Daphnis y Cloe, en el proemio en verso al romance, ya citaba yo algunos de los más famosos tándems cuyo amor resultaba desgraciado, es decir, que terminaba en tragedia (casi siempre con la muerte de ambos enamorados/amantes), en lugar de disfrutar con la consabida y repetida coletilla que sitúa a los enamorados compartiendo perdices en un impreciso, pero eterno, futuro, por el cual se extenderá, inacabable, la felicidad esforzadamente ganada en peripecias y aventuras sin fin.
.....Entre el catálogo de parejas que en aquel post se mencionaban, no estaba el tándem que es asunto y motivo para éste. Me refiero a una pareja famosa, sobre todo, por una de sus más felices versiones musicales: Pelléas et Mélisande, de Claude Debussy, tomando como base la obra teatral del dramaturgo y ensayista simbolista belga Maurice Maeterlinck. A Claude Debussy se debe sin duda el mayor, más extenso y fiel al original aliento musical de la obra dramatúrgica; aunque no fuera el primero, ya que este honor le cupo a Gabriel Fauré, quien compuso una música incidental basada en el libreto. Tras Debussy, como si todo no estuviera dicho, o si lo dicho musicalmente no era todo lo que se podría decir sobre la tragedia simbolista de Maeterlinck, Arnold Schöenberg, primero, y Jan Sibelius, después, completarían la oferta inspirada por Erato.

.....Como en el arte no hay ni puede haber unanimidad (para gustos los colores... dice el dicho), para unos será una una, para otros, otra, la obra que más se ajusta a la intención de Maeterlinck. Obviamente, la de Claude Debussy, ceñida casi punto por punto a la obra original del dramaturgo belga, con un libreto reescrito por el compositor bajo la supervisión del escritor, al incluir la palabra, y no sólo la trasposición de texto a música, es la más cercana al estro original.
.....No obstante, en el libreto operístico se han suprimido pasajes por mor de la musicalidad, algunas de cuyas supresiones incluso serían sugeridas por propio el autor. Al final, lo que fuera un trabajo en cordial concordia —hasta fraguar en amistad— entre escritor y compositor, acabaría mal por desavenencias surgidas en la elección de la soprano protagonista, Mélisande; pues mientras Debussy se decantó por la soprano escocesa Mary Garden, Maeterlinck pretendía que el personaje fuera interpretado por la que era su amante y protegida.
.....Estrenada finalmente el 30 de abril de 1902, en la Opéra Comique, en París, provocó, como otras obras de Debussy, la división de opiniones entre la crítica y el público entendido, entre el cual se encontraba la flor y nata intelectual y artística de la ciudad que era el centro neurálgico del arte en esa época. Así "pelléastras" y "contrapuntistas" se enfrentaron, lo que no evitó el éxito del estreno. La polémica, en estos casos, suele alimentar el efecto llamada, y el interés subsecuente en la toma de partido. Con el tiempo, los valores de la obra se impondrían y el impresionismo musical de Debussy dotaría a la obra simbólica original de su mejor acompañamiento musical.
.....Entre las críticas que se hicieron a la ópera, la más furibunda se fundaba en el tratamiento nada tradicional de lo que había sido una evolución natural del concepto operístico: del imperio recitativo a la preponderancia del aria. Debussy, admirador de Wagner, quiso también desmarcarse de éste, y pese a ser toda su obra una especie de recitativo melódico continuado, con sus leit motiv descriptivos incluidos, la musicalidad es radicalmente distinta, superando el romanticismo wagneriano para conquistar territorios nuevos, ya anunciados por el impresionismo que su autor había fundado.

.....La obra de Maeterlinck está basada en la tragedia vivida por Paolo Malatesta y Francesca da Rimini (hecho histórico acaecido a finales del siglo XIII, entre 1283 y 1284, al que se dedicó atención anteriormente en este blog, en abril de 2012, en tres entradas, bajo el título de Francesca y Paolo). Dante Alighieri lo recogería en su Divina Comedia, en el Segundo Círculo, donde comienza formalmente el Infierno, y donde se castiga a los incontinentes pecadores, especialmente a los lujuriosos; y es en su Canto V, donde el escritor florentino sitúa y menciona las almas de los desgraciados amantes, a las cuales hace hablar y con las que habla.
.....En la versión de Maeterlinck, influido por un romanticismo a punto de ser superado, la historia se desarrolla en un clima casi fantástico (la misma Mélisande tiene un origen misterioso), situado en un tiempo impreciso, aunque es fácil reconocer características medievales en él. El simbolismo predomina sobre lo romántico y lo realista (lo que le aporta esos visos vecinos de lo fantástico). Obra, por tanto, con todos los ingredientes para ser traspolada a composición musical, y más a una composición dotada de un clima —de un estilo y de un tono— donde lo simbólico puede explayarse a sus anchas, traspasando el romanticismo melódico y la armonía y equilibrio clasicista, y donde los misterioso puede volar libremente en el medio abstracto y eminentemente emotivo por antonomasia que es la música.
.....Los protagonistas aquí son Pelléas —por Paolo—, Mélisande —por Francesca— y Golaud —por Gianciotto. Arkel, rey de Allemonde (el reino ficticio donde transcurre la historia) y abuelo de Pelléas  y Golaud; Genevieve, madre de ambos protagonistas (hermanastros, no hermanos de sangre); Yniold, joven hijo de Golaud; un doctor, un pastor y unos marineros (fuera de escena), completan el elenco de la obra.
[Enlace al texto de la obra de Maeterlinck, en inglés: Pelléas and Mélisande, en fullbooks]

.....La obra en sí es un mosaico simbolista. En él —en ella— se da la eterna lucha entre la luz y las tinieblas, entre la ignorancia y la lucidez, entre el conocimiento inmanente y la sabiduría reflexiva. También entre la búsqueda y el hallazgo, entre quien pretende alcanzar el conocimiento por medio del esfuerzo reflexivo y quien lo posee de forma innata (factible de ser perdido, si el camino emprendido lo aleja de él —por seguir la senda de la razón, por ejemplo).
.....Parece ser que Maeterlinck estructura su obra sobre el conjunto binario que forman lo que él llama "Averti" —el conocimiento inmanente y puro— y "Diverti" —la ignorancia que se empeña en la reflexión como su fuente de conocimiento. Para el escritor belga, los Avertis serían los inocentes simples, ligados de forma inmanente a la fuente original (Dios, el Conocimiento Universal), y está representado, en su forma más pura, por el "niño". Al niño le sigue, en grado de pureza, la mujer. Los hombres (varones) representarían esencialmente a los Divertis. Existen grados en estas dos figuras representativas, obviamente. El amor sería un estado que orienta hacia el Averti, devuelve al adulto, en cierto modo, a la niñez, a la intuición, a la ausencia de gravedad, a la imaginación y la fantasía, a la posibilidad. La ausencia de amor promueve la constitución o postura Diverti del alma humana, el ser grave, la responsabilidad que lastra, la opción razonable que aleja al ser humano de su divinidad. La divinidad es la luz (por su puesto Yniold, el hijo de Golaud; y, en menor grado pero también, Mélisande). La gravedad razonadora, responsable de los vínculos con la materia, es la oscuridad. Todo es simbólico en esta obra: personajes, emociones, actitudes, escenarios, papeles; todo está en clave, todo tiene una doble y triple lectura. El misterio impregna cada párrafo, la atmósfera de fábula está constantemente presente en la trama. Tras una construcción simple (el típico triángulo amoroso) se esconde un diseño verdaderamente complejo, donde los sentidos trascienden las apariencias, y donde nada es lo que parece ser, si no le añadimos lo que la realidad subyacente esconde (que es a lo que alude el escritor con su simbología).
.....[En el siguiente enlace de spacenord: Dossier pédagogique. Pelléas et Mélisande, Maurice Maeterlinck —en francés—, se puede profundizar más en esta interpretación simbolista de la obra]

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.....En la presente propuesta del blog se ofrecerán distintas versiones de las obras compuestas por los diferentes compositores —ya más arriba aludidos— que musicalizaron el Pelléas et Mélisande de Maeterlinck; es decir: los franceses Gabriel Fauré y Claude Debussy, el austriaco Arnold Schöenberg y el finlandés Jan Sibelius. Debussy es quien se lleva la palma en el número de archivos disponibles en la red, pues su ópera sigue formando parte activa y actualizada del repertorio, tanto discográfico como operístico. Así, se ofrecen distintas listas de reproducción con las versiones seleccionadas de cada compositor (siempre las mejores o, en su defecto, las referenciales).
.....Además de la parte musical, adjunto enlaces a los textos, ya del escritor, ya de la ópera de Debussy.

.....Por último, un pequeño divertimento poético que no alcanzará mayor ambición que la de introducir el tema de Pélleas et Mélisande. Es una versión libre, en romance, del inicio del libreto de la obra operística, que corresponde a la 1ª Escena del Acto I de la ópera de Claude Debussy (o a la Escena 2ª del Acto I, en la obra original de Maeterlinck), es decir: el hallazgo de Mélisande por parte de Golaud cuando se halla perdido en un ignoto y denso bosque.



DIVERTIMENTO

PELLÉAS y MELISENDA

ACTO I

Escena 1
En un bosque

En oscura y densa fronda
se adentran furtivas huellas,
y tras ellas, encelado,
un caballero se apresta.
Absorto en el rastro esquivo
de una colmilluda fiera,
en lugar desconocido,
sin darse, cuenta penetra.
El hálito de lo extraño
flota allí cual densa niebla;
un ambiente enrarecido
por presagios y sospechas.
El caballero deambula
y en su extravío se encuentra:
su propia huella ha perdido
por seguir la huella ajena.
Incluso olvida el motivo
que hasta allí lo dirigiera,
abducida su memoria
por la sombría floresta.
Vagará Golaud buscando
entre zarzas y maleza,
por lo umbrío, el retorno
a su más clara conciencia.

Pero en su vagar sin rumbo
con una fuente tropieza;
en su orilla, reclinada,
canturrea una doncella,
quien, con dedos de marfil,
la cristalina melena
del nemoroso arroyo,
delicadamente, peina;
sus ojos están absortos
en la corriente, sin verla:
fijos parecen mirar
introspectivas escenas.
Embelesado, Golaud,
a la doncella se acerca,
con pasos de terciopelo
pisando la muda hierba.
No quiere que la visión
se espante o se desvanezca,
no quiere perder la dicha
que en su pecho brota, fresca,
al reclamo de la imagen
de la bella ninfa melia
que peinando el agua está,
embebida de su ausencia.

Al sentirlo alza la vista,
sin mostrar temor, la bella,
antes bien lo mira calma,
con una actitud serena.
Golaud descubrirá entonces
que es la suya una belleza
que, más allá de lo hermoso,
lo prodigioso bordea:
una hermosura enigmática
que silencia más que expresa,
que sugiere más que exhibe,
que promete más que oferta.
Como cazador, entonces,
que quiere cobrar su pieza,
comienza a lanzar preguntas
como si lanzara flechas;
pero todas menos una
yerran sin lograr su meta:
la diana, en su mudez,
esquiva fácil la encuesta;
sólo la más despuntada,
la más trivial y discreta,
la que inquiere por el nombre,
consigue obtener respuesta.

Después, mirando Golaud
el agua que corre quieta,
descubre que allí en su lecho
un objeto centellea.
Acercándose distingue
una dorada diadema,
una brillante corona
digna de augusta reina.
Intenta alcanzarla, pero...
Melisenda le refrena:
rescatarla —ella le advierte—
supondrá una muerte cierta.
La amenaza de la noche,
que en andas de sombras llega,
 les conminará al acuerdo
poniendo fin al dilema.
Dejarán, pues, la corona
sobre su lecho de piedras,
acunada por el agua,
soñando nobles cabezas.
Por la emoción la memoria
Golaud al fin recupera,
y orientándose en el bosque
sale de él con Melisenda.

(¿continuará?)




PELLÉAS ET MÉLISANDE
(En música)

GABRIEL FAURÉ
(1898)


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CLAUDE DEBUSSY
(1902)
(Enlace a Kareol.es del Libreto de Pelléas et Mélisande, escrito por Maeterlinck/Debussy)

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ARNOLD SCHÖNBERG
(1903)


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JAN SIBELIUS
(1905)

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GALERÍA

PELLÉAS ET MÉLISANDE
(1892)

Carlos Schwabe
(1866-1926)

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Richard Nicolaüs Roland Holst 
(1868-1938)

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OBRA TEATRAL. FOTOGRAFÍA

Representación Inaugural (Estreno)
(1902)

Mary Garden como Mélisande
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 Mary Garden como Mélisande
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 Mary Garden como Mélisande
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Mrs Patrick Campbell as Melisande and Sarah Bernhardt (1844 -1923) as Pelleas

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